Gmail no estaba roto, pero Google ha decidido arreglarlo porque ahora todo debe estar integrado con IA.
El correo electrónico lleva décadas ahí, funcionando casi en silencio, como una pieza básica de la vida digital que rara vez cuestionamos. Lo usamos para los estudios, el trabajo, registrarnos en servicios, coordinar nuestra vida personal y resolver trámites que siguen pasando, en gran medida, por la bandeja de entrada. Precisamente por eso, los cambios en este apartado suelen ser mínimos y prudentes. Gmail ha sido un buen ejemplo de esa estabilidad durante años. Ahora, Google ha decidido intervenir de forma más profunda y hacerlo apoyándose en inteligencia artificial.
